“Esas ya no son personas, cuando
descartas o pones un corazoncito en Tinder” Mr. Espejo en una charla en Abelardo, Septiembre 2016.
Hace unos días recorro el mismo
tópico en diferentes lugares: amigos, terapeuta, fulanos, conocidos y demás.
Hay una versión general sobre lo que es ser “autentico” hoy. Ya el juego de las
mascaras, parece haber caducado o requerir demasiada energía para desentrañar
qué misterio tiene el otrx. Parece hasta inútil pretender de los otros en sus
configuraciones afectivas, que se tomen un rato para ver un poco más allá de un
perfil on- line. Es como si mirar por la pantalla de la computadora o el
celular, nos diera una certeza clara y distinta de quién es el otro. Certeza
que bien sabe no hacernos perder el tiempo, valor inigualable de la Era de la
Chota.
¿Qué es eso autentico que veo del
otro en ese perfil?
Lo autentico se configura como la
manifestación de un perfil on- line como aquella correlación perfecta entre ese
estado de cosas virtuales y lo que es el sujeto en cuestión.
Ser se trata de estar on- line.
Recordemos brevemente como se configuran
algunos perfiles de las redes sociales del amor, sin duda el ejemplo más claro. Primero
tenemos una selección de 3 o 4 fotos características que nos definan, una
descripción de uno mismo en 140 caracteres o bien algún que otro formulario estándar.
Cargamos nuestros pasatiempos, trabajo, estudios y por supuesto podemos
configurar nuestras búsquedas a gusto. Ahora ya esta, con esas líneas sabemos
que si tiene alguna foto con amigos, al aire libre, viajando o con alguna
mascota podemos deducir el carácter psicológico del sujeto que se muestra. Si
se da la chance del llamado “match” entonces podemos interactuar con alguno de
estos perfiles. Como mucho tardaremos en llenar nuestro robusto perfil en 15-
20 minutos, recordemos que el tiempo es dinero.
En plataformas más exóticas como
facebook podemos componer la perfecta muestra de lo autentico, y el fin del
juego de las máscaras. Todo aquello que se sube y se publica configura una suerte de personaje complejo que puede ser
dado como verdadero. Ya no se trata de las certezas de aquello que es ese otro
en un perfil, sino que eso que vemos es la manifestación de lo real.
En la Era de la Chota, no hay
síntoma más pretencioso de la decadencia afectiva que la construcción de lo “real”
en forma de una multiplicidad de perfiles virtuales. Retomemos las coordenadas
relevantes: tener un perfil o varios on line funciona como un catalizador de la
subjetividad. Somos lo que posteamos y en tanto somos ahí nos anclamos en una
lógica de la inmediatez. No hay tiempo que perder, ni siquiera para explicar
quién somos más allá de esas publicaciones.
Ya no hay ni tiempo para ser fuera de esta autenticidad en la
Era de la Chota.
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