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8 de septiembre de 2016

Lo autentico


“Esas ya no son personas, cuando descartas o pones un corazoncito en Tinder” Mr. Espejo en una charla en Abelardo, Septiembre 2016.

Hace unos días recorro el mismo tópico en diferentes lugares: amigos, terapeuta, fulanos, conocidos y demás. Hay una versión general sobre lo que es ser “autentico” hoy. Ya el juego de las mascaras, parece haber caducado o requerir demasiada energía para desentrañar qué misterio tiene el otrx. Parece hasta inútil pretender de los otros en sus configuraciones afectivas, que se tomen un rato para ver un poco más allá de un perfil on- line. Es como si mirar por la pantalla de la computadora o el celular, nos diera una certeza clara y distinta de quién es el otro. Certeza que bien sabe no hacernos perder el tiempo, valor inigualable de la Era de la Chota.
¿Qué es eso autentico que veo del otro en ese perfil?
Lo autentico se configura como la manifestación de un perfil on- line como aquella correlación perfecta entre ese estado de cosas virtuales y lo que es el sujeto en cuestión.
Ser se trata de estar on- line.
 Recordemos brevemente como se configuran algunos perfiles de las redes sociales del amor, sin duda el ejemplo más claro. Primero tenemos una selección de 3 o 4 fotos características que nos definan, una descripción de uno mismo en 140 caracteres o bien algún que otro formulario estándar. Cargamos nuestros pasatiempos, trabajo, estudios y por supuesto podemos configurar nuestras búsquedas a gusto. Ahora ya esta, con esas líneas sabemos que si tiene alguna foto con amigos, al aire libre, viajando o con alguna mascota podemos deducir el carácter psicológico del sujeto que se muestra. Si se da la chance del llamado “match” entonces podemos interactuar con alguno de estos perfiles. Como mucho tardaremos en llenar nuestro robusto perfil en 15- 20 minutos, recordemos que el tiempo es dinero.
En plataformas más exóticas como facebook podemos componer la perfecta muestra de lo autentico, y el fin del juego de las máscaras. Todo aquello que se sube y se publica configura una suerte de personaje complejo que puede ser dado como verdadero. Ya no se trata de las certezas de aquello que es ese otro en un perfil, sino que eso que vemos es la manifestación de lo real.
En la Era de la Chota, no hay síntoma más pretencioso de la decadencia afectiva que la construcción de lo “real” en forma de una multiplicidad de perfiles virtuales. Retomemos las coordenadas relevantes: tener un perfil o varios on line funciona como un catalizador de la subjetividad. Somos lo que posteamos y en tanto somos ahí nos anclamos en una lógica de la inmediatez. No hay tiempo que perder, ni siquiera para explicar quién somos más allá de esas publicaciones.
Ya no hay ni tiempo para ser fuera de esta autenticidad en la Era de la Chota.

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