Tercer día de experimentación en
las redes sociales del amor: mientras más fotos de cuerpo entero pongo, menos
likes recibo. Algún que otro me pregunta cuán "rellenita" soy y
respondo con ironía "no sabía que había un rellenometro, y si lo había ya
lo habría criticado". Claramente no estoy jugando el juego de "buscar
pareja", sino que experimentó con mi incomodidad. Me incomoda que me
juzguen a partir de múltiples prejuicios sobre el volumen de mi cuerpo. Siento
que necesito fogonearme, leer los argumentos más
inverosímiles, reírme de las preguntas que cuestionan mi peso y demás. Tengo
que fogonearme, de vez en cuando, se siente bien me da más fuerzas. Me muestra
muy claramente el mercado de los cuerpos. Nunca me pareció tan difícil que la
gente se relacione. Nunca me había parecido del orden de lo imposible que te
inviten un café.
Estamos jodidos.
Estamos jodidos.
No lo
pienso por tener un cuerpo no hegemonico, lo veo en la incapacidad que muestran
estas redes, en su goce de la inmediatez, de vincularnos con el otrx.
Me voy a fogonear un rato más. Porque mirar ahí es como mirar el corazón de la Era de la chota.
Me voy a fogonear un rato más. Porque mirar ahí es como mirar el corazón de la Era de la chota.
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