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1 de septiembre de 2016

El experimento

Tercer día de experimentación en las redes sociales del amor: mientras más fotos de cuerpo entero pongo, menos likes recibo. Algún que otro me pregunta cuán "rellenita" soy y respondo con ironía "no sabía que había un rellenometro, y si lo había ya lo habría criticado". Claramente no estoy jugando el juego de "buscar pareja", sino que experimentó con mi incomodidad. Me incomoda que me juzguen a partir de múltiples prejuicios sobre el volumen de mi cuerpo. Siento que necesito fogonearme, leer los argumentos más inverosímiles, reírme de las preguntas que cuestionan mi peso y demás. Tengo que fogonearme, de vez en cuando, se siente bien me da más fuerzas. Me muestra muy claramente el mercado de los cuerpos. Nunca me pareció tan difícil que la gente se relacione. Nunca me había parecido del orden de lo imposible que te inviten un café.
Estamos jodidos.

No lo pienso por tener un cuerpo no hegemonico, lo veo en la incapacidad que muestran estas redes, en su goce de la inmediatez, de vincularnos con el otrx.
Me voy a fogonear un rato más. Porque mirar ahí es como mirar el corazón de la Era de la chota.

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