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28 de diciembre de 2018

El fragicidio

En la era de la chota vivimos sucesos inéditos si pensamos las tranformaciones socio- culturales de los últimos 30 años. No sé trata simplemente de la fragmentacion y fragilizacion de los vínculos laborales económicos y políticos con el desarrollo desmedido del capitalismo, sino que hemos llevado a nuestros afectos al lugar de capital financiero y especulativo. Hoy en día nuestras emociones y vínculos se han reorganizado ante la figura de la espectacularizacion, especialmente aquella que se expande y virtualiza en las apps de citas. Como rappi o glovo nuestros afectos aparecen a la mano con una serie de lugares virtuales para encargar desde sexo hasta amor. Somos emprendedores de los afectos: ya sea que queramos un touch and go o una relación seria. En estas configuraciones de lo amoroso si bien lentamente se posiciona en un movimiento auto crítico respecto del llamado "amor romántico" se desarrollan en el lugar de la vunerabilizacion y flexibilización de las éticas del encuentro. Ya no basta con "encontrarnos" afectivamente con él otrx sino que ahora se trata de trabajar nuestras subjetividades enajenadas. Todxs estamos rotos o mejor dicho fragmentados por el mandato de conseguir ese "amor" tan valioso socialmente pero a la vez de reconstituirnos en el vínculo como seres auténticos. El problema es claro ante la enajenacion afectiva, el amor es un nuevo contrabando de cambio que se situa en los quereres. Pero con la particularidad de que el "riesgo" o mejor dicho exponer nuestras vulnerabilidades esta mal visto.
Queremos una o más o menos compañerxs pero queremos exponernos lo mínimo indispensable. Es como sí el lugar donde podriamos trabajar nuestro si mismo con otrxs se transformara en un lugar estático. Si bien nos corremos de esa idealización del amor que salva todo y se sacrifica siempre, nos encontramos en las antípodas: la hiperindividualización y la falta total del registro empatico con el otrx.
La era de la chota en tanto neoliberalizacion de los afectos nos expone a trayectorias afectivas precarizadas. Hacer con otrx se transforma en un lugar desechado ante el miedo de exponer nuestras sensibilidades. El fragicidio aparece como un pecado mortal, es decir exponernos ante el otrx y sostener desde un lugar que haga que nuestras faltas fortalezas es un camino que no debemos elegir. O sí la elegimos no sé trata de meramente vulnerabilizarse sino de hacer con otrx en una ética del encuentro.
Por acá pese a los golpes algunxs seguimos soñando con encuentros y afectos que nos transformen.
¿Será posible?

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